LA CUARTA VERSIÓN DE JUDAS
El cielo se oscureció, los muros del templo se resquebrajaron, y el hijo de Dios, hecho hombre, carne el verbo, expiró. Borges da tres versiones de Judas, en las tres veo una omisión, o mejor dicho, el intento de desvelar algo que luego vuelve a mantener oculto entre su formidable prosa. No duda en otros textos, ni siquiera en El Quijote, pero al tratarse de la Biblia, el respeto o el miedo le detiene, Borges no quiere negar a Dios ni cuando le es evidente su traición, Borges no quiere ser Pedro y da tres versiones de judas, como tres cantos de gallo, y ante las tres se reafirma ante Dios, ante la secta de Pablo, ante el Dios de Tomás de Aquinas. En las tres versiones Borges merodea un mismo pensamiento, ése al que Aquinas dedica gran parte de su trabajo, la bondad de Dios, lo rodéa tan de cerca que sin querer evidencia su forma, dibuja a su pesar su silueta pero no quiere ser él el que se adentre en la posibilidad, que como digo ya supone, de que Dios todopoderoso, ese Dios todo bondad, sea capaz de odiar.
En una de las versiones Judas es un instrumento más de Dios, debe estar ahí y jugar su papel para que el hombre pueda ser redimido. En la segunda Judas es el mártir que encarna los pecados del mundo, el anticristo, tan jugete de Diós como el mismo Jesús. En la última Judas es el hijo de Dios, esa trinidad mutante que es a la vez padre de Dios, hijo de Dios y Dios, y a la vez es también hombre, cualquier hombre, Jesús unas veces, Judas otras, Erodes, María, todo es voluntad de Dios. En las tres versiones Judas muere, siendo hombre o siendo Dios, de la más infame de las maneras, que no es la crucifixión, sino el suicidio.
La traición de Judas eleva el martirio de Jesucristo pero Jesús sabe que ninguna muerte será más infame que la de judas, borges lo sabe también, Jesús ha de ser quien represente los pecados del mundo, y muera por ellos, porque sólo él es el hijo de Dios. No es así y el Espiritu Santo sale de un cuerpo para entrar en otro, para completar esa trinidad siendo hombre, y cuando ese exorcismo se produce jesús ya no es el hijo de Dios nunca más, sinó que es un simple y miserable ser humano, y aquí, al fin, expongo mi versión de los hechos no a la manera de los teólogos ni los filósofos sino a la de los hombres.
Jesús, su destino decidido, resignado a morir, anhela la muerte de judas, esa muerte innominosa del Judas, espíritu de Dios ahora. Jesús, hombre y no Hijo de Dios, se ve obligado a tramar un plan en los últimos momentos que se resuelve la noche de la captura en el Huerto de los Olivos, "Aparta de mí este caliz, Padre", el caliz ya había sido apartado. Los soldados saben que los rebeldes están ahí descansando esa noche, entre ellos ése que se proclama el Mesías, no lo conocen pero hay un delator y se ha acordado una señal. Jesús sabe que ha llegado la hora cuando los soldados irrumpen en el Huerto, Se acerca a Judas y lo besa, los soldados prenden a Judas, "¿Eres tú Jesús de Nazaret?", Judas asiente. Judas, como los otros, está dispuesto a morir por Dios, está dispuesto a morir incluso por Jesús, por amor y por vanidad. Pedro presencia la escena atónito, él también esta dispuesto a morir, los doce lo están, y no comprende cómo aquél al que han seguido hasta aquí, cómo quién se decía el Hijo de Dios, se niega a reconocerlo en tan decisivo momento. Alza su daga y arremete contra los soldados que se llevan a Judas pero éste le detiene diciendo, "Pedro, tú mismo negarás a Jesús tres veces esta noche". Pedro mira a Judas con compasión y envidia, luego a Jesús con la misma compasión pero con rabia y dice, "No, yo no, yo jamás negaré a Jesús, yo no le traicionaré". Por supuesto que lo niega, porque Pedro también es hombre, y no va a dar su vida por un cobarde. Jesús atenta contra su vida esa misma noche de la más infame de las maneras. Tres días más tarde Judas muere en la cruz, creyó por unos instantes que el Espíritu Santo lo había elegido, que Dios se había instalado en su cuerpo, que ahora él era el Mesías. En realidad lo único necesario era un Mesías, cualquiera, un hombre aún de las más baja condición para dar cuerpo a Dios por unas horas, ese caliz que va pasando de mano en mano y que no supone condición de Dios para ninguno de los que de él beben. Dios es todopoderoso pero no puede ser todo bondad. "Padre", exclama Judas en la cruz cuando lo comprende, "por qué me has abandonado".





